El presidente ZP sigue cerrado, apoyado por los sindicatos, a la propuesta empresarial de rebajar las cotizaciones a la Seguridad Social, así como a cualquier otra bajada impositiva que signifique un desahogo para las empresas españolas. Seguimos escuchando una y otra vez la cantinela de que “bajar las cotizaciones pondría en peligro la capacidad de la Seguridad Social para el pago de las pensiones y las prestaciones”, lo cual es un disparate demagógico, sobre todo en estos momentos en que el paro sigue disparado y las empresas continuamos con enormes dificultades para obtener crédito.
Los que me conocen, saben que a mí me gusta hablar claro, y en este caso, la cuestión es muy sencilla. Supongamos que en estos momentos somos cien los que estamos cotizando y sesenta los que cobran de la Seguridad Social. Si no se logran abaratar los costos sociales y los impuestos, las empresas vamos a seguir teniendo dificultades para mantener el empleo actual. De manera que dentro de poco, serán noventa los que cotizan y setenta los que cobran, y poco después setenta los que cotizan y noventa los que cobran... si es que cobran. ZP prefiere el mensaje electoral que surge de un marxismo de salón que no entiende de economía real, y así nos lo están demostrando con cada decisión que toman.
Los costes sociales y salariales influyen en el precio final del producto. Si el producto sigue caro, perdemos capacidad de competir. Así que además de tener dificultades para asumir dicho coste, tendremos más dificultades aún para competir con otros países, cuyos dirigentes no temen facilitar a los empresarios alguna reducción de costes.
¿No será mejor, señor ZP, bajar la cotización para que aumente el número de cotizantes, y con ello, aumente la recaudación de la Seguridad Social?. Déjese de marxismos trasnochados para la galería y escuche seriamente a quienes hemos creado empleo, y no pedimos subvenciones a fondo perdido, sólo condiciones para defender el empleo creado y crecer cuanto antes. Y háganos caso porque pese a quienes venden la idea de que las empresas sólo queremos destruir empleo para ahorrar costes, la realidad indica que cuando podemos, generamos empleo y crecemos. Pero para eso necesitamos poder competir, y para ello necesitamos que el producto nacional, en general, sea competitivo, más barato.
Mire usted, señor ZP: el sueño de todo empresario es tener un millón de empleados que den un euro de beneficio al mes; al final mi empresa ganaría 12 millones de euros al año, un 35% de los cuales serían para las arcas del Estado: beneficio para todos.
Es insostenible mantener empleos cuando el beneficio es negativo. Todo empresario quiere crecer, y mejorar, y ganar mercados, y tener muchos trabajadores cuya labor aporte un beneficio pequeño a la empresa.
Pero así resulta imposible, y la situación se vuelve insostenible, porque la destrucción de empresas va seguir teniendo lugar, y tarde o temprano, serán más los que cobran de la Seguridad Social que los que aportan.
Olvídese de demagogias, y entienda que la ecuación es sencilla: a más impuestos, productos más caros; productos más caros, menor competitividad, y por tanto, más desempleo, lo que se traduce en menos cotizantes y más perceptores. En fin, que la demagogia nos lleva a todos a la ruina.
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