Antonio Gómez aterriza en uno de los santuarios del fútbol, un Liverpool que rezuma tradición por los cuatro costados, unos valores sagrados que quizás le apearon de los grandes de Europa durante los años 90 pero al que la llegada de Rafa Benítez le ha devuelto a la vanguardia del fútbol moderno. Ahora en Anfield se combina el espíritu de ‘The Kop’, su grada mítica, con los métodos de trabajo más innovadores tanto en el césped como en los despachos.
Ahí llegará Gómez para encargarse de su filial, para exportar sus métodos y empaparse de la doctrina de Benítez, del que los malpensados sospechan que le ha echado un buen capote. Pero mi mal pensamiento se limita a reconocer que en este mundo nadie se bautiza sin padrino, una cosa muy distinta a que Rafa, al que le deben salir amigos de las cavernas (por aquello de los Beatles) le abra las puertas de su equipo a cualquiera. A sus 35 años, Gómez ha recogido el premio de la apuesta por la juventud, esa con la que el Barça ha llegado a su éxtasis en apenas diez meses. Una apuesta, por cierto, que se ha despreciado desde el Albacete Balompié durante estos años de manera tan descarada como reprochable.
Gómez insistía ayer en alejar la sombra de Máximo Hernández en su despedida. No es posible, pues las carnes del sentido común se abren cuando en un equipo como el Albacete se desprecia lo que en Liverpool se valora. Aquí no sólo le cerraron las puertas del primer equipo, se le ninguneó durante el pasado verano y, no contentos con ello, intentaron prescindir de sus servicios en aquella noche de los cuchillos largos en Ayna, donde cayeron otros como Toril o Matías Martínez.
Aun sin saber de dónde viene la animadversión de Máximo hacia Gómez desde el mismo momento en que se conquistó la Copa del Rey juvenil (que se lo pregunten al técnico del Valencia tras aquella final), el destino les separa por distintos caminos. Máximo espera acontecimientos con Goiko en la recámara. Gómez se marcha a Liverpool, al club del “You’ll never walk alone” (Nunca caminarás sólo). ¿Nunca? Pues este llega con la mili acabada. |